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Prueba 4

La obra más conocida de Ray Bradbury fue publicada por primera vez en 1953, la cual te adentra en una sociedad distópica y futurista donde los libros están prohibidos. El poseer un libro es un crimen y los encargados de eliminar a estos objetos estimuladores del pensamiento son los bomberos; son ellos los que utilizan al fuego para quemar hasta las cenizas a los libros.

Lo anterior engloba a grandes rasgos la temática de esta novela, la cual surge en un periodo similar al descrito en el libro: el macartismo, proceso desencadenado por el senador estadounidense Joseph McCarthy, quien inició una cacería en contra de personas sospechosas de ser comunistas; caracterizado también por la quema de libros que pudieran resultar controversiales.

Ante tal polémica, Bradbury se encontró con la dificultad para publicar su novela; un libro con una fuerte crítica a la censura no era lo que los editores buscaban publicar en esos momentos. Sin embargo, bastó con una persona que se atrevió, compró la historia y se propuso a publicarla en su revista. El joven visionario fue Hugh Hefner y la revista era “Playboy”.

El poder del fuego para quemar ideas

Fahrenheit 451 te presenta a Guy Montag, un bombero; profesión cuya tarea principal consiste en eliminar con el poder del fuego a los libros, pues son estos un objeto prohibido por ser capaces de inducir al pensamiento, a las ideas, y finalmente, ocasionar la desdicha. Los libros no traen más que desgracia y su existencia no cabe en esta sociedad ficticia. El proceso es simple: los bomberos reciben la denuncia de que una persona posee libros y ellos se apresuran a dirigirse a su domicilio para lidiar con la situación como se les ha enseñado: quemando todo a su paso. De esta manera, no queda rastro de los libros o de algo relacionado a ellos.

Es así que, recorres esta sociedad con Montag, quien está satisfecho por el placer que le da su trabajo. Para él no hay otra razón en la existencia de los bomberos; siempre ha sido esta su misión y no hay más. No obstante, todo cambia en el momento que conoce a Clarisse, su nueva vecina, una chica adolescente —una tanto peculiar-—que comienza a aproximarse a él, sin más intenciones que las de conversar. Es entre estas pláticas recurrentes que llevan a cabo que, Clarisse empieza a despertar dudas en Montag sobre su trabajo y su felicidad; incluso llega a preguntarle sobre si antes los bomberos se encargaban de apagar incendios y no de ocasionarlos. Además de todo lo que Clarisse llega a contarle, su forma de ser distinta vislumbra nuevas formas de ver el mundo para Montag. De esta manera, este bombero que antes era un autómata que creía vivir una vida feliz y perfecta, comienza a develar en su cotidianeidad cosas que parecen no estar bien; la relación con su esposa parece no funcionar realmente y comienza a cuestionarse sobre la labor de los bomberos. Pero el momento redentor en Montag llega en una de las llamadas que reciben en el cuartel para atender una denuncia. Una ocasión rutinaria que concluye en un hecho atroz que no solo consume a todos los libros de una casa y todo lo que esta contenía, sino que, consume y conmociona a Montag sobre el valor de los libros.

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